Buena afluencia de público en las fiestas patronales de La Vall para presenciar la exhibición de dos toros de distintas ganaderías.
Anunciados estaban un astado de Jandilla y otro del Conde de la Corte (que iba a ser el primero que veía en las calles), pero, por razones que desconozco, se cambió turno con el de Sepúlveda que iba a ser embolado por la noche, por lo que me quedé con las ganas.

En primer lugar salió, desde los toriles, el burel de Jandilla, de pelaje castaño, muy cuajado pero sin mucha cara.
Hizo una salida rápida dando una vuelta a la manzana para regresar a la arena donde transcurriría el resto de su lidia.
Poca casta demostró en su exhibición, estando muy soso y sin ganas de emplearse. En los recortes tardaba en arrancar y casi nunca hacía hilo, a no ser que tuviera presa segura.

Tres momentos destacables se pueden recordar de este toro; un recorte de un aficionado, con la caña en la mano, que fue muy ajustado.
Después una arrancada calle abajo, fortísima y peligrosa por haber muchos aficionados, entre los que me encontraba yo, dándonos un buen susto.
Y finalmente, tras un recorte muy ajustado de un aficionado, el toro le hizo hilo y cuando ya lo tenía entre las astas, surgió un compañero que le realizó un extraordinario quite. Esta acción fue fuertemente ovacionada.


Alrededor de una hora duró la lidia de este astado, resultando muy frío y sin entrega, quitando las arrancadas antes comentadas. Fue enlazado sin mucha dilación.

Tras una breve pausa se daba suelta al
de Sepúlveda de Yeltes, de justa presentación. Toro negro y grande, y aunque algo falto de cuajo, este si era ofensivo por delante.
Hizo una salida abanta sin querer saber nada de los recortadores, dando una vuelta al recinto, pero pronto se vio lo que iba a ser su lidia; dar vueltas al recinto buscando la huida. Únicamente cuando se veía acorralado embestía para salir inmediatamente suelto y proseguir con su carrera.
La comisión, tras escuchar los pitos que le dedicaban al toro los aficionados, decidió atarlo.
Pero cuando sintió la cuerda el toro cambió, viniéndose arriba en una clara muestra de un manso con genio, que tuvo arrancadas de bravucón, poniendo en apuros a los recortadores.
Especial aprieto pasaron dos aficionados que estaban en una reja, en la que el toro derrotó muy arriba, poniéndolos en un serio compromiso.
Tras este cambio en el juego del astado se le dejó unos minutos más aunque ya lo había dado todo, ni siquiera se empleó ante los capotazos de un aficionado que no pudo ligar dos seguidos.


Tarde decepcionante por el juego de los dos astados, aunque ambos tuvieron momentos emocionantes en algunas de sus arrancadas.