En primer lugar se dio suelta al toro de la ganadería de los Hermanos Filoso Landaluce de Badajoz, burel negro, bien presentado y con romana.
Este toro tras una correcta salida se vio superado rápidamente por el gran número de recortadores a los que pretendía hacer frente. Después del agobio inicial en la plaza se dirigió a las calles, un auténtico laberinto donde hay que estar en muy buena forma física para seguir de cerca la lidia de los toros a poco que estos tengan algo de movilidad.
En segundo lugar estaba preparado el toro más esperado de la tarde, un astado de la mítica divisa de Miura, de mediocre presentación, con la cara muy avacada, aunque alto y agalgado, típico en este hierro.
En cuanto a su juego, muy decepcionante; se mantuvo en la zona de la arena durante los diez primeros minutos, dando arreones más que embestidas, siempre a la defensiva y demostrando mucha mansedumbre. El toro, al final, rehuyendo la pelea se metió por una calle estrecha saliendo de la plaza. A partir de este momento se dedicó a pasear por todo el recinto.
Después costó mucho encerrar con los cabestros y al final fue enlazado cerca de los toriles.
Por último, y tras unos problemas con unos aficionados delante de los cajones que no llegué a entender, se dio suelta a un toro jabonero claro de la ganadería sevillana de El Serrano, aspirante a la UCTL y de procedencia Domecq, bien presentado, grande y muy alto.
Este toro realizó una espectacular salida, queriéndolo todo y apretando muchísimo en los recortes. Pero se fue abajo muy pronto, al llegar al asfalto y darse un par de batacazos.
A partir de este momento pasó a la defensiva sin entregarse, acabó su lidia en una calle bastante ancha donde embestía con escasa codicia.
Tarde con pocas cosas destacables, donde el juego de los tres toros dejó mucho que desear, lo mejor de la tarde, sin duda, el gran ambiente taurino que se respiraba.

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