Con una climatología excelente se iba a celebrar la exhibición de un toro cerril, la cual se demoró unos minutos por el estacionamiento de un coche en la placita donde se iba a efectuar la salida.
Después de solventar este incidente se daba suelta al toro de la ganadería cordobesa de Jaralta. Negro listón, muy justo de presentación y con los cuernos muy cómodos y despuntados.
Hizo una salida rápida desde la plaza y se metió enseguida por los callejones estrechos de la parte alta, para, velozmente, bajar a la zona con calles más anchas, donde siguió corriendo sin fijeza. Al final de una de estas calles se paró y empezó a embestir a los recortes que le administraban, uno tras otro en un asfalto con muy poca adherencia, aunque lo hacía sin entrega y de manera muy sosa, por lo que resbalaba aunque no llegó a caer.
Tras unos minutos se quedó ya muy parado, teniendo los aficionados que tirar de él con cartones y otros utensilios poco ortodoxos, para llevarlo por gran parte del extenso recinto. Dio alguna arrancada pero con escaso peligro, ya que buscaba más la huida que a los recortadores.En resumen, toro muy flojo, con embestidas bobaliconas que no transmitían ninguna emoción, llegando a aburrir a los aficionados.

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